Jordi Codina, guardameta por convicción

No entiende de supersticiones. Por eso, hasta su llegada a Chipre, lucía el número 13; sabedor de que, en su caso, le inspiraba, al contrario que a la mayoría de la gente, confianza. Ahora su camiseta está presidida por el número 1, pero Jordi Codina no ha cambiado un ápice: sigue siendo un empedernido amante de su profesión, aunque que en su corazón también cuenta con espacios reservados para el motociclismo, especialmente para su ídolo Valentino Rossi, para el pádel, la música dance… Y, por supuesto, para su familia, su “motor de vida”, tal y como él la define.

 

Nació en Barcelona y no tardó mucho en decidir que su futuro profesional estaría ligado a unos guantes. Su influencia paterna fue decisiva, aunque éste intento disuadirle para que buscara su futuro por otras demarcaciones en el campo. Codina, sin embargo, lo tenía claro: “Quería ser portero por ser como mi padre y por ser diferente: me encantaba eso de vestirme distinto al resto de compañeros, llevar guantes, coger el balón con las manos…”. Con sacrificio y dedicación recogió sus frutos años después. Con más de 7.200 minutos como guardameta en Primera División, dice que su historia no ha terminado porque 33 años no son nada para un portero. “Vivo por y para el fútbol. Mientras me dejen aquí estaré”. Dicho y hecho. Jordi Codina, guardameta de ADN.